• Daniel Sachi

“Cabeza, corazón y manos”: Un concepto para manejar el cambio


Imagínate en un largo viaje en avión.


Te has reclinado, te has sacado los zapatos y te dispones a dormir un poco.


De repente, la azafata te pide que cambies de asiento con otro pasajero que tiene un problema de salud y todo tu ambiente cómodo y armonía mental se interrumpen.


Por supuesto que volver a la situación anterior en tu nuevo asiento requerirá un tiempo para relajarte y tratar de olvidarte de la incomodidad del momento.


Imagina ahora que el mismo escenario de cambio de asiento ocurre durante un período de turbulencia climática severa.


No solo ya estabas ansioso y nervioso en tu asiento actual, ahora tienes que recomponerte, movilizarte y reorientarte en un nuevo lugar mientras tratas de mantener el equilibrio y evitar caerte, en un ambiente caótico con gente asustada y nerviosa.


Bien, generalmente el cambio no suele ser fácil y el cambio en medio de la inestabilidad y las complicaciones, es aún más difícil.


El tema en cuestión es que esto es lo que muchos empleados sienten a medida que sus empresas se reorganizan, reasignan recursos, reducen costos y reducen el personal mientras la organización busca estabilizarse, sea debido a sus propios problemas en mercados complicados o como efecto de situaciones sociales o económicas externas que la exceden.


Seas tú el que inicie alguno de los cambios o el que se tenga que adaptar a ellos, hay que permitir un tiempo prudencial para el entendimiento, la aceptación y la preparación antes que la inexorable transición sea bienvenida, ya que, de lo contrario, cualquier cambio encontrará resistencia.


Para alentar la aceptación de todos los involucrados, es bueno aplicar el concepto de "cabeza, corazón y manos" como una forma de organizarse para someterse a la necesaria reorganización o reestructuración, es decir, adaptarse al cambio.


Cualquier persona normal va a encontrar al menos inquietante cualquier cambio, por lo que planificar las acciones para el mismo es fundamental y la diferencia entre el éxito y el fracaso.


El concepto que estamos planteando comienza por la cabeza, creando un plan unificado para comunicar e involucrar completamente a los equipos antes de tomar cualquier acción, explicando todas las razones lógicas y racionales del cambio, permitiendo de esta manera al personal, comenzar a procesar intelectualmente la información.


Con esta acción, más un buen acompañamiento y coaching, nos volcaremos al corazón, creando el sentimiento en los involucrados de la necesidad del cambio y haciendo que imaginen y luego reconozcan, cómo se sentirán antes, durante y después de la implementación, con lo que aliviaremos o haremos desaparecer el miedo.


Por último, las manos, delineando el plan táctico y las metas consiguientes que satisfagan la necesidad de acción, y transformar el cambio en algo tangible.


Parece obvio y simple, pero no imaginan cuán poco utilizado es este concepto en las organizaciones que enfrentan cambios y cuántos problemas acarrea no utilizarlo.


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