Qué tan recomendable eres?
- Daniel Sachi

- 27 ene
- 4 Min. de lectura

Si nadie te recomendaría sin dudar, no es un problema de visibilidad: es un problema de credibilidad.
Qué tan recomendable eres realmente?
En general las personas aceptan algunos riesgos, aunque no para todas las cosas.
Qué tan recomendable eres? - Las recomendaciones construyen —o destruyen— reputaciones profesionales. En un contexto donde el valor de la palabra parece diluirse, este artículo invita a reflexionar
PQué tan recomendable eres? - Las recomendaciones construyen —o destruyen— reputaciones profesionales. En un contexto donde el valor de la palabra parece diluirse, este artículo invita a reflexionarueden ir a un restaurante nuevo, ver una película, hacer un paseo, todo esto sin recomendación de nadie.
Pero en otras situaciones son mucho más desconfiadas y piden información a aquellos que consideran conocedores.
Las personas, en términos generales, se mueven en base a recomendaciones, y cuanto más cuidadosas son con sus elecciones, más importancia le dan a quienes consideran confiables a la hora de recomendar.
¿Esto aplica al mundo laboral? Spoiler: sí, y más de lo que creemos.
Por supuesto que sí.
Aunque, en los tiempos que corren, no todo es color de rosa.
Últimamente, y de manera preocupante, puede verse que el espíritu de la recomendación se está degradando.
Personas que no nos conocen nos piden en redes profesionales que los recomendemos (me pasa mucho).
Como contraparte, muchas veces recibimos recomendaciones de gente que tampoco nos conoce y que, por lo tanto, no podría hablar con fundamento de nuestro trabajo. Esto es especialmente frecuente en redes que utilizan la validación de aptitudes como LinkedIn.
El problema (muy serio) de recomendar sin conocer
Imaginemos que un amigo en quien confiamos nos dice que podemos ir tranquilos a un espectáculo.
Vamos… y la experiencia resulta un desastre total.
Al reclamarle, nos dice que en realidad no lo conocía, no había asistido y solo se había guiado por algo que escuchó por ahí.
En el mundo profesional pasa exactamente lo mismo, pero con efectos mucho más graves, por eso, hay que tomarse muy en serio el tema de las recomendaciones.
Construir una imagen profesional lleva años, y degradarla puede tomar apenas unos segundos.
Ciertamente, la referencia debe volver a ser algo valioso, creíble y útil.
La verdadera reputación profesional
Estar entre aquellos que otros elegirían para trabajar no es casualidad.
Implica no requerir comprobaciones constantes cuando se afirma algo.
Implica que lo que se dice sea aceptado porque se cree que surge de la experiencia y del conocimiento.
Todo eso conlleva una labor ardua y muchos años de trabajo.
Y esa imagen no se construye en soledad: es apoyada, difundida y validada por las personas que han compartido trabajo con nosotros.
Son ellas las que pueden dar fe no solo de lo que decimos o hacemos, sino también de aquellas cosas que nunca diríamos de nosotros mismos por humildad o modestia, pero que los demás valoran, y mucho.
¿Coincide lo que vales con lo que proyectas?
Para poder utilizar las recomendaciones en nuestro beneficio, debemos tener muy claro qué es lo que la gente valora de nosotros y qué es lo que necesitamos que se valore.
Si esas dos cosas no coinciden, la referencia puede no ser válida.
Por eso, la lista de valores que consideramos apetecibles y necesarios debe ser consciente y estar siempre vigente.
Debemos procurar que aquello que nuestro entorno reconoce como nuestra valía esté reflejado en esa lista.
Cuando no hay coincidencia, pueden estar pasando dos cosas:
No estamos comunicando adecuadamente lo que hacemos y deberíamos hacerlo.
O, lo que ocurre con mayor frecuencia, ese valor que creemos tener no se refleja en nuestras actitudes hacia los demás ni en las aptitudes que ponemos realmente en práctica.
La vigencia de ser recomendable
Y respecto de la vigencia, conviene recordarlo: no alcanza con tener una característica que nos haga especiales, esa característica debe ser recordada por los demás.
Y para que alguien nos recuerde, en algún momento tuvimos que haber hecho la diferencia.
Preguntas para hacerte
Si hoy alguien me pidiera un nombre para recomendar, ¿pensaría en mí mismo sin dudar… o sentiría la tentación de aclarar “depende para qué”?
Cuando me recomiendan, ¿qué es exactamente lo que están poniendo en juego: mi capacidad técnica, mi forma de tratar a las personas o solo mi historial?
Si yo recomendara a alguien para trabajar conmigo, ¿esa persona se sentiría cuidada… o advertida?
Las recomendaciones que recibo, ¿vienen acompañadas de entusiasmo genuino o de frases tibias que no comprometen a nadie?
¿Me recomendarían para trabajar de cerca, en momentos difíciles, bajo presión… o solo cuando todo está más o menos ordenado?
Cuando doy una recomendación, ¿lo hago porque confío de verdad o porque me cuesta decir que no? ¿Y cuando la recibo, me hago cargo de lo que implica?
Si una recomendación hablara de mí sin nombrarme, ¿sonaría a invitación… o a cláusula con letra chica?
Porque una recomendación auténtica no se pide: se merece.
Y no se firma con palabras, sino con la experiencia que otros vivieron a tu lado.
Conclusión y llamado a la acción
La recomendación no se pide, no se negocia y no se mendiga.
Se merece.
No nace de un perfil atractivo ni de una red inflada de contactos.
Nace del trabajo bien hecho, de la coherencia sostenida en el tiempo y de la valentía de hacerse cargo de lo que uno promete.
En un mundo saturado de discursos, la confianza se volvió un activo escaso, y justamente por eso, quien logra construirla de verdad se vuelve imprescindible.
Si quieres ser verdaderamente recomendable como persona, como líder o como organización, empieza por alinear lo que dices, lo que haces y lo que otros pueden contar de ti cuando no estás presente.
La confianza no se declara. no se postea y no se exige.
Se construye.
Y el momento de empezar a construirla no es mañana, es ahora.




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