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El arte de descubrir talentos dormidos en tu organización

talento dormido, posibilidad interna, crecimiento, carrera laboral

El problema silencioso que cuesta dinero todos los días

Hace poco tiempo estaba en una reunión con el equipo de dirección de una empresa manufacturera mediana.

Mientras revisábamos sus indicadores de productividad, noté algo peculiar: tenían un empleado en administración que había estado clasificado como "asistente" durante siete años, cuando en realidad poseía conocimientos avanzados de análisis de datos que podrían transformar toda su operación.


¿Cuántas veces nos ha pasado algo similar?

Miramos nuestras organizaciones y vemos máquinas que funcionan, procesos que se ejecutan, gente que cumple horarios.

Lo que no vemos es lo que está dormido.

Lo que no vemos es lo que está escondido.

Lo que no vemos es lo que podría cambiar todo.

El economista Andrew Carnegie decía que "aquel que no puede pensar es un tonto. El que no quiere es un intolerante. El que no se atreve es un esclavo".

Esta frase resuena especialmente cuando hablamos de transformación digital y agilidad organizacional.

Porque la verdad incómoda es que muchas empresas no fracasan por falta de recursos, sino por falta de coraje para reconocer y utilizar los recursos que ya tienen.


El impacto es medible: equipos desmotivados porque no ven oportunidades de crecimiento, procesos ineficientes porque los talentos adecuados no están en los lugares correctos, y estrategias que no prosperan porque falta el contexto organizacional para ejecutarlas.


Recuerdo a un director comercial que me contaba con frustración cómo su mejor ejecutivo de ventas estaba atrapado en un rol administrativo simplemente porque así había sido "asignado" cinco años atrás.

La empresa perdía en productividad lo que no podía calcular en cifras.


Cuando la agilidad comienza en casa

La transformación digital no es solo adoptar tecnología.

Es aprender a ver.

Es reconocer que cada miembro de una organización posee capacidades que van mucho más allá de su descripción de puesto.

Es entender que la agilidad verdadera nace cuando alineamos las fortalezas reales de las personas con las necesidades reales del negocio.


Imagina a una empresa de servicios informáticos donde un ingeniero con pasión por la comunicación estaba confinado a labores de soporte técnico.

Cuando finalmente se le permitió transicionar a la función de consultor de implementación, no solo mejoró su motivación en 300%, sino que redujo los tiempos de adopción de soluciones en sus clientes de manera significativa.

El cambio no requirió inversión externa. Solo requirió coraje.

El filósofo Aristóteles escribió que "la finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no copiar su apariencia".

Este concepto aplica perfectamente a la gestión del capital humano.

No se trata de hacer lo que siempre se ha hecho, se trata de revelar la esencia verdadera de tu organización, que reside en las capacidades que muchas veces permanecen invisibles.


Para navegar este desafío con efectividad, las empresas necesitan tres cosas fundamentales:

Primero, diagnóstico profundo. 

Ir más allá de los organigramas y las descripciones de cargo.

Hacer preguntas diferentes:

  • ¿Qué hace que cada persona se despierte por la mañana?

  • ¿En qué situaciones demuestra su mayor potencial?

  • ¿Cuáles son sus aspiraciones reales dentro de la organización?


Una empresa de telecomunicaciones con la que trabajamos descubrió que tres de sus analistas tenían habilidades avanzadas de programación que nunca habían sido documentadas porque nunca nadie les preguntó.


Segundo, integración estratégica. 

Los procesos, la organización y la estrategia deben hablar el mismo idioma.

Si tu estrategia apunta hacia transformación digital pero tu estructura organizacional sigue siendo jerárquica y rígida, algo va a ceder.

Si tus procesos no permiten flexibilidad para que el talento se redespliegue según necesidades, vas a seguir perdiendo oportunidades.


Una consultora que trabajaba en modelo de proyectos logró aumentar su capacidad de respuesta en 40% simplemente reorganizando cómo asignaba recursos internos basándose no en cargo sino en competencias.


Tercero, liderazgo que favorece el disenso constructivo.

Esto suena contradictorio, pero es esencial para la agilidad.

Las mejores ideas para transformación digital muchas veces vienen de personas que se atreven a cuestionar cómo se hacen las cosas.

Un equipo que opera dentro de un marco de respeto pero que es capaz de discrepar, que siente seguridad psicológica para proponer cambios, es un equipo que naturalmente se vuelve más ágil.


Las preguntas que deberías hacer hoy en tu organización para detectar tus talentos dormidos

Antes de pensar en herramientas tecnológicas o metodologías sofisticadas, detente un momento y responde estas preguntas con honestidad:

  • ¿Conoces verdaderamente las capacidades completas de tu equipo o solo conoces lo que está escrito en sus contratos?

  • ¿Tus procesos actuales permiten que el talento fluya hacia donde es más productivo o permanecen congelados en estructuras funcionales tradicionales?

  • ¿Tu organización está diseñada para ejecutar el pasado o para crear el futuro?

  • ¿Cuántos de tus empleados creen que tienen oportunidades reales de crecimiento y desarrollo en los próximos dos años?

  • ¿Existe en tu empresa un mecanismo explícito para descubrir, documentar y potenciar capacidades no convencionales o "dormidas"?

  • ¿Tus líderes tienen las herramientas y el entrenamiento para identificar y desarrollar talento más allá del rol formal?


Lo que cambia cuando aprendes de los que saben

Cuando una organización toma la decisión de aprender de sus propios recursos, suceden cosas sorprendentes.

  • Los costos de rotación bajan porque las personas sienten que evolucionan.

  • La innovación interna aumenta porque hay espacios seguros para que emerja.

  • Los procesos se vuelven más eficientes porque finalmente están siendo ejecutados por las personas que realmente entienden sus complejidades.


Una empresa de manufactura que trabajaba en reingeniería de sus procesos descubrió que sus mejores propuestas de mejora no venían de consultores externos, sino de operarios de planta que llevaban veinte años en la actividad y que finalmente les preguntaban cómo mejorarían las cosas si pudieran hacerlo a su manera.


La transformación digital no es un proyecto de tecnología, es un proyecto de revelación de tu potencial interno, del despertar de esos talentos dormidos.

Es entender que la agilidad no viene de una metodología agile descargada de internet, sino de una organización que tiene el coraje de mirar hacia adentro antes de mirar hacia afuera.


Conclusión: El momento es ahora

En ROI Agile, llevamos décadas trabajando exactamente en esto.

En revelar la esencia secreta de las cosas.

En ayudar a empresas de industrias tan diversas como agricultura, finanzas, educación, tecnología y manufactura a transformarse, no mediante imposición de modelos externos, sino mediante el descubrimiento y potenciación de recursos propios.


La agilidad que buscas no está en una herramienta, está en tu gente.

La transformación digital que necesitas no empieza en IT, empieza en comprender quiénes son realmente tus colaboradores y qué podrían aportar si les dieras la oportunidad.


Si reconoces en tu organización algunos de los desafíos que describimos, si tienes la sensación de que hay algo dormido que podría despertar, es momento de tomar acción.

No esperes una crisis que te fuerce a cambiar.

Sé proactivo.

Sé valiente.

¿Cuándo vamos a tener la conversación sobre quién realmente trabaja en tu empresa?


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