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Mayores de 50, abstenerse


personas mayores, búsqueda laboral, ancianos

Abro mi mail y me encuentro cada día con uno o dos mensajes de excompañeros de trabajo, colegas, contactos de redes sociales o absolutos desconocidos, con su currículum vitae, hoja de vida, o resume adjunto.


El 90% de ellos, personas de más de 50 años que están buscando trabajo desde la desocupación o el paro, con meses o años en esta situación.


Siempre leo detenidamente los adjuntos porque tengo la esperanza de poder ayudar, y me encuentro, repetidamente, con personas muy valiosas en cuanto a conocimiento y experiencia, y con carreras, en muchos casos, más que importantes.


También leo las cartas de presentación, demasiadas veces cargadas de angustia y desesperación.


Y la pregunta que siempre me hago es: ¿por qué esta persona no encuentra trabajo?

Y la respuesta que surge siempre, además de haberla comprobado empíricamente en mis consultorías, es: la edad.


Lamentablemente, en muchas publicaciones se ponen límites de edad nada compatibles con la realidad actual.


Es como que, la creencia que después de los 50, la gente apaga su cerebro, se olvida de sus conocimientos y su experiencia, y se dedican a vegetar siendo un lastre para la sociedad, estuviese comprobada y sostenida por pruebas científicas.


Miles de horas de resolver problemas en forma exquisita, conocimientos recabados en experiencias reales y no solo obtenidos desde la teoría, y otras tantas virtudes, pasan directamente de la bandeja de entrada a la carpeta de eliminados sin escalas, por un filtro sin mayor análisis como el de la edad.


Pareciera que muchos selectores se han quedado en el tiempo, allá lejos, cuando se decidió que las personas, pasada una edad, ya no servían porque estaban cerca de su expectativa de vida, siendo que ésta, aumentó muchísimo en los últimos 70 años, así como la vitalidad de quienes cargan en sus espaldas más de medio siglo.


Las políticas que imponen límites de edad, como el establecimiento de una edad de jubilación obligatoria, no tienen en cuenta que las personas mayores tienen una gama amplia de aptitudes, y se basan en el supuesto de que todas ellas son iguales.


Esta discriminación institucional de las personas de edad es, en gran parte, la causa del pensamiento vigente como filtro, a la hora de incorporar personal.


Como resultante, la misma sociedad, con estas creencias y convencimiento, destruye a esas personas, que ya no pueden sostener el nivel de vida que se ganaron con esfuerzo, que fueron desplazados de la vida laboral, y que sufren esto muchísimo comenzando una decadencia provocada por la tristeza, y la condición de vida a la que están obligados a acostumbrarse.


Esta actitud negativa con respecto al envejecimiento y a las personas mayores repercute de forma importante en la salud física y mental de los miembros de este grupo de edad.


Las personas mayores que se ven como una carga para los demás pueden acabar pensando que su vida tiene menos valor y, como consecuencia de ello, son más proclives a la depresión y el aislamiento social.


Por supuesto, no todas las sociedades son así, ya que, en los pueblos originarios y en algunos pocos países del mundo, el respeto por los más viejos sigue vigente, y no por la vejez en sí, sino por la sabiduría y la experiencia que la acompañan, por la transmisión de esos conocimientos a los más jóvenes, y por estar convencidos que nada supera a la experiencia, pero, lamentablemente, hay pocos ejemplos.


Nuestro concepto de la vejez, nació en la antigua Grecia, donde la juventud era sinónimo de perfección y belleza y a la vejez se le temía por su cercanía con la muerte, sin embargo, la mayoría de los grandes filósofos y poetas de la época superaban largamente los 50 años y fueron muy respetados siempre.


Claro está, que no estamos hablando de la misma vejez, porque no es lo mismo una expectativa de vida de 50 años, a una de 82 como actualmente.


Y ni hablar de la vejez en las mujeres, que, ciertamente, la pasan mucho peor que los hombres.


Por lo tanto, creo que hay mucho que revisar en las áreas de capital humano, mucho paradigma que romper, y mucho que trabajar para recuperar y poner en valor todo eso que puede dar la experiencia y los años de ejercer las distintas profesiones.


Nunca es tarde para empezar, y si bien no podemos cambiar el pasado, sí podemos (y debemos) hacer un futuro diferente, así que ¿nos ponemos a hacerlo?



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