La inútil omnipotencia de los líderes
- Daniel Sachi

- hace 26 minutos
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El liderazgo que intenta hacerlo todo, termina no logrando lo esencial: Estar al servicio de su gente
El liderazgo y sus límites invisibles
Los buenos líderes se caracterizan por su buena conexión con los demás y por aprovechar sus propias fortalezas.
Pero ¿qué pasa con las limitaciones?
¿No deberían los buenos líderes identificar y respetar los límites de sus propias competencias?
Y no estoy hablando de debilidades, como no manejar bien la computadora o no ser proclives a los viajes extensos por respetar los tiempos de su familia.
Los límites a los que me refiero son reconocer que incluso los líderes más curtidos y con más experiencia son incapaces de hacer absolutamente todo.
Creerse omnipotentes puede tener un costo muy alto para las organizaciones donde actúan, para sus carreras y para su éxito profesional.
El error silencioso: perder el foco
El error más común en estos casos es la pérdida de foco.
Los buenos líderes pueden tener muchas habilidades, experiencia y opciones funcionales, y pueden desempeñar adecuadamente muchas de las tareas que supervisan.
Pero esto no significa que deban hacerlo.
Como reza el dicho, “el que mucho abarca poco aprieta”.
Algunos líderes quieren tener todo bajo su manejo y no dejar nada sin su toque personal.
Pero tan enorme tarea significa que demasiadas cosas quedarán sin control, con la falsa convicción de tenerlas contempladas.
Cuando el hacer reemplaza al liderar
Muchas veces, querer estar en todos los detalles y todos los procesos hace que estos líderes descuiden su tarea fundamental: coordinar, delegar efectivamente y hacer que otros hagan su tarea de la mejor manera posible, siendo un facilitador.
Demasiadas veces la arrogancia en los líderes hace estragos en las empresas.
Y usualmente, cuando esto sale a la luz, ya es tarde: los problemas están instalados y los errores, consumados.
Reencuadrar los límites: de debilidad a conciencia
Cuando en el entorno donde actúan, los límites de cada uno no se etiquetan como debilidad ni como fracaso, sino como el mecanismo por el cual son más conscientes de sí mismos y de su capacidad, el heroísmo y la arrogancia disminuyen, y las fortalezas se potencian.
La humildad: el verdadero diferencial de un líder
La humildad en este caso es el componente clave que debemos buscar en los líderes.
Es lo que hace que acepten que son humanos con capacidades limitadas.
Y que comprendan que su fortaleza no está en hacer todo por ellos mismos, sino en sacar lo mejor de otros, coordinar sus esfuerzos y hacer aflorar las potencialidades de cada miembro de sus equipos para conseguir el éxito.
El único problema de esto es que la humildad difícilmente se aprende, salvo por los fuertes golpes que puede dar la vida en las organizaciones.
Y este aprendizaje sólo sucederá si se tiene la habilidad de utilizar los errores para crecer, y si la organización tiene la práctica de no castigar esos errores.
Preguntas para diagnosticar el estado del arte en tu organización
¿Los líderes de tu organización delegan o simplemente distribuyen tareas sin soltar el control?
¿Existe claridad sobre qué decisiones son realmente estratégicas y cuáles deberían escalarse o descentralizarse?
¿Se valora más al “héroe que resuelve todo” o al equipo que funciona de manera autónoma?
¿Los errores se castigan o se utilizan como fuente de aprendizaje real?
¿Los líderes tienen espacios de reflexión sobre sus propios límites o viven en modo ejecución constante?
¿La cultura premia el control o la confianza?
¿Se mide el éxito por resultados sostenibles o por esfuerzos individuales visibles?
Conclusión: liderar no es hacer más, es lograr más a través de otros
El liderazgo no se mide por la cantidad de cosas que un líder puede hacer, sino por la cantidad de cosas que logra que otros hagan bien, incluso cuando él no está.
Un líder que no reconoce sus límites termina siendo el cuello de botella de su propia organización.
Un líder que abraza sus límites, en cambio, libera el verdadero potencial colectivo.
Ahí es donde ocurre la magia.
Llamado a la acción
Detente un momento y mírate sin anestesia: ¿Estás liderando… o estás acumulando tareas con título elegante?
Si quieres escalar tu organización, empieza por soltar.
Si quieres construir futuro, deja de ser imprescindible.
Porque el día que todo dependa de ti… ya perdiste.




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