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¿Estás resolviendo problemas o inventando complicaciones?

Actualizado: 5 ago 2025

resolución de problemas, apertura mental

La trampa del bolígrafo espacial (y la carrera por reinventar lo obvio)

Hace algunos años, un cliente nos llamó con urgencia.

Querían “transformar digitalmente” su operación logística.

Se escuchaba bien, hasta que entendimos el problema real: querían saber por qué los informes tardaban días en llegar desde sus depósitos.


Nos preparamos para una intervención quirúrgica: entrevistas, talleres, análisis de procesos.

¿La causa?

El chofer del camión imprimía el remito en papel, lo firmaba el cliente, y luego lo metía en un buzón del área administrativa.

Un buzón físico, de esos con telarañas y olor a 1998.


Nos miramos con el equipo y fue imposible no recordar la historia del bolígrafo espacial: La NASA gastó 12 millones de dólares en desarrollar un bolígrafo que escribiera en gravedad cero.

¿Los rusos?

Usaron un lápiz. (De hecho, esta anécdota es parcialmente un mito, pero eso no le quita su valor pedagógico).


Moraleja: Cuando el problema es claro, la solución suele ser simple. Lo difícil es no enamorarse de la sofisticación innecesaria.

Y eso, en ROI Agile, lo tenemos tatuado en el ADN.


Jabones que vuelan y soluciones que cuestan centavos

En otra organización de cosmética —una de esas que gastan más en marketing que en ingredientes—, nos enfrentamos a una crisis de calidad: cajas de producto saliendo vacías.

Como salido de un cuento japonés, recordé la historia de una gran empresa nipona que diseñó una solución carísima con rayos X y pantallas de alta definición para detectar cajas vacías.

Mientras tanto, un pequeño fabricante local resolvió lo mismo con un ventilador industrial: las cajas vacías salían volando. Ingenioso, barato y efectivo.


¿Qué hicimos nosotros?

Preguntamos a la gente de planta.

Nadie lo había hecho antes.

Una operaria nos dijo: “Si me dejan pesarlas con la balanza de cocina que tengo en casa, yo les digo cuáles vienen vacías.”

Nos reímos, pero funcionó, así que luego escalamos esa idea con una balanza digital conectada a un sistema de alerta visual, que pesaba empaques completos y detectaba diferencias con un estándar.


“Si no lo puedes explicar de forma simple, no lo entiendes lo suficiente.”

A veces, la sabiduría está en el sentido común que ignoramos por mirar demasiadas planillas y presentaciones en PowerPoint.


El hotel y el secreto del reconocimiento facial… con taxis

Un cliente del rubro hotelero quería implementar reconocimiento facial para clientes frecuentes.

Queremos que se sientan reconocidos, como en casa”, dijeron.

Después de que le cotizaran una solución carísima, nos pidieron una segunda opinión (esto que hoy es algo muy común y casi sin costo, en esa época era extraordinariamente raro).


Yo, que en otra vida fui huésped frecuente de hoteles por trabajo, recordé una anécdota reveladora: un empresario fue recibido por el conserje con un "Bienvenido nuevamente!" en un hotel de India, y pensó que tenían reconocimiento facial.

¿La verdad?

El taxista le preguntaba al pasajero durante el viaje al hotel si ya había estado allí y avisaba al llegar al recepcionista, y con eso, se ganaba un dólar.


A veces las redes neuronales no están en los servidores, sino en la calle.


Entonces hicimos algo parecido.

Activamos una red de interacción entre transporte y recepción con reglas simples, gamificamos la experiencia para los colaboradores, y ¡voilà!

Clientes felices, personal motivado, cero millones gastados.


El síndrome del ingeniero brillante que se complica la vida

Hay una verdad incómoda que ronda muchas empresas: cuando hay presupuesto, se compra complejidad.

Lo hemos visto una y otra vez.


En ROI Agile, nos gusta hacer la pregunta incómoda:¿Estás resolviendo el problema real o decorando el síntoma con tecnología?


En lugar de atacar con soluciones de catálogo, usamos el enfoque Agile-Driven Discovery.

Primero entendemos el contexto, luego escuchamos al equipo, y recién después diseñamos la intervención.

A veces lo que se necesita no es un nuevo ERP, sino un jefe que escuche.

O un tablero en la pared.

O una conversación pendiente.


Hemos trabajado con empresas donde desarmamos procesos de décadas rediseñándolos con sentido, simplicidad y foco.

Y en todas encontramos lo mismo: la solución casi nunca está en la tecnología, sino en las preguntas correctas.


El costo oculto de las soluciones innecesarias

Las soluciones grandilocuentes suelen traer tres problemas:

  1. Inercia burocrática: Nadie las entiende del todo, por lo que nadie las cuestiona.

  2. Dependencia tecnológica: Si el sistema falla, se paraliza la operación.

  3. Desconexión humana: Se olvida que detrás de todo proceso hay personas.


Nos gusta decir que en ROI Agile no vendemos soluciones: ayudamos a desaprender. Porque muchas veces el primer paso para resolver un problema es aceptar que lo que hacemos… ya no tiene sentido (si es que alguna vez lo tuvo).


Entonces, ¿cómo prevenir estas trampas?

  1. Desenamorarse del “cómo” y volver al “para qué” Antes de implementar nada, preguntarse: ¿qué necesidad real estamos resolviendo?

  2. Escuchar a quien vive el problema todos los días Los mejores insights no vienen de la torre de control, sino de la trinchera.

  3. Priorizar lo funcional por sobre lo espectacular Una buena solución no es la más cara ni la más vistosa. Es la que funciona y mejora el día a día.

  4. Prototipar antes de escalar Probar con algo pequeño y rápido antes de tirar la casa por la ventana.

  5. Medir impacto real, no métricas vanidosas Que “parezca lindo” no significa que esté resolviendo algo.


Preguntas para reflexionar en tu organización sobre resolución de problemas

  1. ¿Estamos resolviendo problemas o creando nuevas capas de complejidad?

  2. ¿Cuándo fue la última vez que alguien cuestionó un proceso en voz alta?

  3. ¿A quién escuchamos cuando se detecta un error: al proveedor, al jefe o al operario?

  4. ¿Qué soluciones actuales podrían ser reemplazadas por opciones más simples y humanas?

  5. ¿Cuánto de lo que hacemos es porque "siempre se hizo así"?


Porque, al final, como dijo Leonardo da Vinci:

“La simplicidad es la máxima sofisticación.”

 

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